La vida se pasa tan rápido

Sentado frente al escritorio de mi estudio, bebiendo un vaso de agua mientras espero que la impresora EPSON termine de imprimir mi reporte, me doy cuenta que la vida es como un vaso lleno del líquido vital que se termine en determinado tiempo, según la intensidad con la que lo bebamos. Las hojas van saliendo del armatoste a una velocidad muy lenta a comparación con las nuevas tecnologías. Cada impresión tarda aproximadamente 30 segundos, una pequeña fracción de nuestra vida, pero que para los aparatos modernos es una eternidad. Incluso esperar esta cantidad de tiempo por una simple hoja de papel es desesperante, no para mí, que ya estoy acostumbrado, pero sí para muchos de los mortales, que se están acostumbrando a vivir a una velocidad alarmante, como si estuvieran sedientos y el agua fuera a escapar del vaso, por lo que empinan el codo hasta que pueden ver el fondo del vaso vacío.

Así es la sociedad actual, las nuevas generaciones llegan a este mundo con un procesador interno cada vez más rápido, queriendo comerse el mundo de un solo bocado, como si el tiempo no les fuera a ser suficiente para cumplir todos y cada uno de sus objetivos. Entiendo que podría ser desesperante tener que picar piedra desde lo más bajo de un rango, pero generalmente es necesario para obtener aprendizaje y experiencia, pero las nuevas generaciones sienten que ya no necesitan eso, creen que con las herramientas tecnológicas del tiempo en el que nacieron son suficientes para sobresalir, para que les den un puesto alto en una empresa y en poco tiempo sean ellos los que dirijan un área o toda la compañía. Aplaudo el hambre que tienen, pero parece que creen que todo es muy fácil y llegara rápido. No disfrutan cada mes, semana, día, hora, minuto o segunda que la vida les brinda. Quieren que éstos pasen más rápido de lo normal para estar pronto en la cima, pero se olvidan que la vida se pasa tan rápido.

Platicando con amigos nos percatamos que si bien muchas de las nuevas generaciones llegan a puestos ejecutivos más rápido, al final se olvidan de que hay cosas más importantes. Cuando ya están sentados frente a un escritorio de caoba, reluciente y bien pulido, en una silla tapizada de piel y con una vista digna del paraíso, se dan cuenta que el tiempo pasó tan rápido y se olvidaron de formar una familia o si ya la tenían, de fortalecer los lazos. Ya no hay forma de regresar al pasado y enmendar ciertos errores es complicado, bien dicen que el tiempo que no pases con tus hijos no volverá jamás. Quizá tu pareja pueda perdonarte, pues comprende el sacrificio que has hecho por ellos, pero tus hijos quizá no vean tan importante el dinero y el prestigio, pues prefieren la compañía del ser que les dio la vida, de su héroe, de su inspiración. Puede ser que el tiempo haya volado y ya no estés en la mente de tus seres queridos, te olvidaron como tú a ellos.