El Fantasma del Cambio

Cada dos años hay una exposición de varillas de acero para todos aquellos que se dedican al negocio de la construcción donde se muestran los avances tecnológicos y de producción que cambian cada año. Aunque para aquellos a este negocio las varillas podrían parecer algo sin importancia y siempre igual no lo es así ya que siempre hay variaciones en su composición y se busca siempre encontrar ese equilibrio perfecto entre la fuerza y la flexibilidad necesario para toda construcción, sobre todo para aquellos quienes operamos en zonas sísmicas donde la calidad de las varillas salvara o condenara a miles de personas.

Este año, la feria se llevo acabo en la ciudad de Londres siendo la primera vez que se llevaba ahí esta exposición por razones que aun no conozco. El ir a Londres siempre es una experiencia extraña para mi ya que siempre termino con un sentimiento de melancolía profunda cada que la visito algo que he intentado cambiar aunque nunca lo he podido hacer en ningún momento de la manera que me gustaría. Este sentimiento de melancolía se puede originar en las bases que en esta ciudad siempre regreso a mis años de infancia y de formación.

Esto se debe a que por mi parte materna mi familia es originaria no solo del Reino Unido sino de la misma Londres donde mi abuelito – una de las dos personas a las que mas admiro- nació y vivió en Londres donde se enlisto en la fuerza aérea como voluntario meses antes de que empezará la Segunda Guerra Mundial viendo que el conflicto era inminente. Su padre –mi bisabuelo- había sido veterano de la Primera Guerra Mundial y miembro del regimiento “ The Royal Horse Guards” que es el regimiento de caballería encarado de la seguridad del palacio de Buckingham y de la reina de Inglaterra. Mi bisabuelo y bisabuela murieron en Londres en uno de los bombardeos de los alemanes a esa ciudad mientras mi abuelito peleaba en los cielos contra los mismos que mataron a sus padres.

Esto es algo que se me instruyo mucho por mi madre y abuelito cuando era pequeño y en mis años de crecimiento hasta mis 28 años cuando mi abuelito murió en frente de mi. Durante estos años visite muchas veces Londres siempre resultando en un resultado diferente y parecido a la misma vez de melancolía y un extraño sentimiento de seguridad que no puedo explicar.

Lo que si puedo explicar es que la melancolía proviene de una Inglaterra en vías de cambio y de muerte como yo la conocí y la que a mi se me instruyo. Esa Inglaterra poderosa de Churchill, Wellington y Nelson y fundadora del imperio más grande de la historia humana además de haber formado toda una conducta y cultura. El asunto es que esa Inglaterra no es una de hace siglos, sino en la que nació y vivió mi abuelito y para la cual sirvió mi familia en los campos de batalla durante siglos.