El canto de la sirena

Siempre quise tener una casa junto al mar y después de años de trabajo conseguí reunir el dinero suficiente para hacer realidad mi sueño. Mi nuevo hogar se encuentra a las orillas de Cancún, en una zona residencial no tan exclusiva pero con una vista preciosa y un balcón que me permite ver el extenso océano, que en las noches se funde con el cielo y no se distingue cuál es cuál, es como un extenso manto color azul.

Por mi trabajo no puedo quedarme a vivir allá, aún tengo cosas que hacer en la Ciudad de México, pero en cuanto haya una oportunidad para ubicarme de fijo en mi nuevo hogar, lo haré. De momento sólo paso algunos fines de semana y vacaciones en la casa de Cancún, donde aprovechó para relajarme, nadar, disfrutar del mar y de la tranquilidad de la zona. Pero nunca imaginé que la vida me tenía preparada una de las sorpresas más maravillosas.

Una noche me encontraba leyendo ‘El momento en que todo cambió’, una de mis novelas de suspenso y amor favoritas, la cual está ambientada en la Alemania que estuvo separada por el muro de Berlín. La historia está cargada de pasión y cada que la leo, no hay nada que me saqué de mi concentración, hasta que una noche en la que leía mientras me fumaba un cigarrillo, escuché un cántico que provenía del mar. Era tan hermoso que deleitaba mis oídos, podía seguir leyendo al son de la melodía de esta chica, porque era el tono de una mujer. Pero la curiosidad fue mayor y decidí salir de mi casa y acercarme a la orilla del mar, donde creía que venía el sonido. Atravesé los pisos de mármol para llegar a la puerta principal, conforme me acercaba la canción iba disminuyendo su volumen hasta que de pronto desapareció. No lograba descifrar de dónde venía, pero era lo más hermoso que había escuchado.

La siguiente noche hice el mismo ritual. Cigarros y una apasionante lectura, esperando que aquella bella melodía deleitara una vez más mis oídos. Y así fue. Esta vez continué leyendo, gozando de aquella voz tan angelical que cada bocanada y cada palabra que leía me sabían a gloria. Fue hasta que regresé al interior de mi hogar que el sonido cesó. La próxima noche tenía planeado irme a leer a la orilla del mar y ver si la mujer encargada de deleitar mi sentido del oído se dignaba a aparecer.

Leyendo a Douglas Kennedy con el sonido de las olas rompiendo en unas rocas cercanas, se hizo presente el sonido, la melodía era más fuerte que nunca y más apasionada que antes. No tenía explicación y no deseaba encontrarla, prefería imaginar que en realidad las sirenas existen y una de ellas sale cada noche para acompañarme en mi lectura. Así que cuando podía irme a leer a la orilla lo hacía en voz alta, esperando que quizá en algún momento se me apareciera. Nunca ha pasado, pero me aferro aunque sé que es una locura y que todo puede ser producto de mi imaginación o un efecto natural de la costa.