Cambios radicales en una persona

Después de una jornada laboral matutina en unos laboratorios médicos, decidí tomarme un descanso y fui al comedor, donde me disponía a degustar mis alimentos mientras leía una revista. En esta publicación encontré un artículo que me llamó mucho la atención, era sobre la verdadera historia del cuadro de ‘La última de cena’ de Leonardo da Vinci. Lo primero que pensé al ver el titular es que sería sobre los secretos que ocultó en la pintura, como han comentado en diversos documentales y películas, pero no, trataba de una interesante historia sobre los modelos que usó el pintor para representar a Jesús y cada uno de sus apóstoles.

Desconozco la veracidad de esta historia pero me pareció inquietante y asombrosa, por lo que se las contaré brevemente. Da Vinci tardó siete años en terminar su obra, pues buscó personas que le funcionaran como imagen para cada uno de los personajes que iban a estar en la mesa compartiendo los alimentos con Cristo. El primero que eligió fue a un joven, que por sus rasgos físicos y su rostro pulcro era ideal para ser Jesús. Después siguió eligiendo más personas para el resto de los apóstoles y el último sería Judas, quien traicionó al hijo de Dios por unas monedas, pero no lograba encontrar a un hombre que con su rostro representara maldad, traición y el pecado.

El tiempo avanzó y cuando iba a darse por vencido le comentaron de un preso que había sido condenado a la pena de muerte, así que fue a visitarlo a donde los tenían encerrado. Al verlo supo que era perfecto, tenía un rostro cansado, cicatrices que significaban el pecado de su vida y un cabello grisáceo que ocultaba la tristeza de sus ojos. Así que se lo llevó a su estudio, acompañado por los guardias, y lo pintó. Cuando terminó el retrato y estaban escoltándolo a la puerta, el preso forcejeó para soltarse de los guardias y se arrodilló ante Da Vinci, lo siguiente que hizo fue preguntarle si lo reconocía, si sabía quién era. El pintor negó y el hombre se entristeció, pues no podía concebir la idea de haber caído tan bajo. El prisionero le reveló su identidad y dejó boquiabierto a Leonardo, pues le confesó que él había sido el modelo que eligió para ser Jesús.

¡Oh, por Dios! Esa fue mi expresión al conocer el desenlace de la historia, en la cual investigaré un poco más para saber si es verídico o esta revista le hizo algunos cambios. Pero es impresionante el cambio que pueden experimentar las personas en apenas siete años, al grado de pasar radicalmente del bien al mal, del cielo al infierno. El hombre cuando representó a Cristo era trabajador, honesto y sincero, pero con el tiempo se convirtió en alguien que se dejó llevar por los vicios, robó y cometió una gran cantidad de crímenes, lo que lo llevó a estar preso y ser condenado a la pena de muerte. Si no mal recuerdo, evitó ser asesinado y consiguió redimirse metiéndose a un convento.