Apoya a tus hijos a sobrevivir a un examen médico

Hace un par de días tuve que acompañar a mi hermano menor a realizarse un estudio médico, pues su pediatra nos recomendó que le hiciéramos una prueba de ácido úrico para poder diagnosticar con certeza lo que le estaba ocurriendo. Esto me hizo entender la labor tan importante que hacen los padres, pero sobre todo las madres, quienes son las que generalmente están cien por ciento al pendiente de nosotros.

Todo empezó desde una noche antes, pues tenía que evitar que mi hermano se despertara en la madrugada a comer algo, pues debía llevar ayuno de entre 4 y 6 horas, y como su estudio era en punto de las ocho de la mañana, pues desde las cuatro de la madrugada no podía comer nada. Y no falta cuando se levantan a esas horas en busca de algún alimento. Me tuve que dormir en su cuarto y estar al pendiente de que no fuera a cometer alguna travesura. De cualquier forma ya le había explicado tanto mi mamá como yo el por qué no podía comer, y generalmente entiende, pero el hambre es canija y nos hace cometer cada error del cual nos arrepentimos después. Ya amaneció y lo cambié para irnos en taxi al laboratorio. Estaba un poco nervioso por lo que le iban a hacer, pues ya sabía que involucraba agujas y sangre, lo cual le causaba terror. Yo le platicaba sobre algunos capítulos de Dragon Ball o hablábamos de algún videojuego para que no pensara tanto en lo que le faltaba. Y así se pudo calmar, pero todo volvió a cambiar cuando entramos a la sala donde le sacarían sangre.

En cuanto vio la jeringas que iba a utilizar el encargado de hacer la prueba empezó a tener sentimiento, como con ganas de llorar, así que le empecé a decir que todo estaría bien, que si estaba tranquilo no le iba a doler, pero parecía que le estaba mintiendo, así que le dije que le preguntara todo lo que quisiera al encargado de sacarle la sangre. Como si fuera policía le preguntó si dolía, cómo iba a hacerlo, qué tan grande era la aguja, si le dolería (repitió), etc. Fue muy amable el joven pues le contestó todas y cada una de las preguntas con una voz suave y calmada, que tranquilizó a mi hermano. En cuanto preparó el torniquete y la ajuga con el bote de recolección, le dije a mi hermano que no viera y empezamos a platicar de los mismos temas que en el taxi. De un minuto a otro todo terminó y ni una lágrima corrió por las mejillas de mi hermanito, quien salió feliz con su paleta y su curita de Batman.

En verdad que mis respetos para las mamás y los papás que hacen todo por nosotros, que deben utilizar la psicología o lo que tengan a la mano para tranquilizarnos, para enseñarnos cosas nuevas y para cuidar de nuestra integridad y salud. Es un trabajo que parece ser fácil, pero ya cuando lo experimentas en carne propia te das cuenta que hay que analizar cuidadosamente cada situación.